Sin tarjeta, sin llamadas, sin vendedor detrás. Tres días con todo abierto.
Tus cuentas, cuánto cargas en efectivo, tus deudas y lo que ya tienes ahorrado.
Escribes el gasto en dos toques, o le tomas la foto a la factura y se llena sola.
Qué se vence, cuánto te queda, si vas a cerrar el mes bien y cuánto apartar.
No hace falta un curso de finanzas ni una hoja de cálculo con veinte pestañas. Con estas cuatro cosas, en un mes ya sabes dónde estás parado.
Antes de gastar, decides a qué va cada parte de lo que entra: el alquiler, la comida, el ahorro, lo que quieras.
Lo que cargas en el bolsillo es una cuenta más. Pagas en efectivo y ese saldo baja, igual que si fuera la tarjeta.
Con lo que llevas gastado, la app proyecta cómo vas a cerrar. Si no da, te lo dice el día 12 y no el 30.
Dices para cuándo quieres el carro y te dice cuánto apartar cada viernes. Y si no da, te dice cuándo sí.
Sin tarjeta, sin llamadas, sin vendedor detrás. Si no te sirve, cierras la pestaña y no pasó nada.
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